Imagina que, después de una presentación práctica en un curso, escuchas: «La conclusión no es clara y la idea principal se pierde». Asientes, pero apenas consigues prestar atención al resto de la evaluación. En tu mente aparece la idea de que los demás son mejores y de que tú no sirves para esto. Al llegar a casa, pospones el siguiente ejercicio, aunque al principio querías aprender algo.
En ese momento puedes ocuparte de dos aspectos de forma gradual: tu propia reacción y la tarea concreta. Aquí, la inteligencia emocional puede aplicarse de manera sencilla. Observas lo que sientes, eliges cómo responder y averiguas qué parte de la evaluación puede ayudarte en el siguiente intento. El procedimiento siguiente puede servirte en un curso, una formación para cambiar de profesión o el aprendizaje de una nueva habilidad en la edad adulta.
Date un momento antes de responder
Si sientes el impulso de explicar de inmediato por qué la evaluación no es justa, intenta observar primero tu reacción. Puede tratarse de decepción por el resultado, incomodidad ante el grupo, enfado por la forma de comunicarlo o confusión causada por un comentario poco claro. No necesitas identificar con precisión cada emoción. Basta con reconocer qué es lo que más te ha afectado en ese momento.
Si recibes la retroalimentación de forma oral, puedes pedir un momento para tomar notas o solicitar que repitan la idea principal. Si ya no consigues seguir la explicación, intenta acordar retomarla después de una pausa. Cuando la evaluación es escrita, puedes dejar la respuesta para más tarde y revisar los comentarios junto con tu trabajo.
Separa la evaluación del trabajo de las conclusiones sobre ti
Prueba a dividir una hoja en tres partes: qué se dijo, qué provocó en ti y qué conclusión añadiste por tu cuenta. Una frase sobre la falta de claridad de la conclusión de una presentación no significa que no puedas aprender a presentar. Del mismo modo, que el comentario te resulte desagradable no demuestra por sí solo que sea incorrecto.
En la situación del ejemplo, una anotación breve podría ser la siguiente:
| Parte de la anotación | Ejemplo concreto |
|---|---|
| Qué se dijo. | «La conclusión no es clara y la idea principal se pierde». |
| Qué siento. | Decepción e incomodidad ante los demás. |
| Qué conclusión añadí. | «No sirvo para hacer presentaciones y el docente piensa que soy incompetente». |
| Qué necesito comprobar. | ¿Qué parte de la conclusión no era clara y qué debía incluir? |
Marca como suposición cualquier idea sobre lo que piensa la otra persona. Si el docente no habló de tus capacidades en general, no le atribuyas esa afirmación. Al mismo tiempo, puedes reconocer que la evaluación te ha dolido. Ambas informaciones pueden formar parte de una misma visión de la situación.
La anotación debe ayudarte a concretar el siguiente paso. Si vuelves una y otra vez a las mismas frases sin formular ninguna pregunta ni propuesta de mejora, déjala por el momento. Puedes regresar al trabajo más tarde o revisar el punto confuso con alguien que conozca la tarea.
Pide un ejemplo y un criterio
Comentarios como «débil», «poco convincente» o «poco elaborado» no siempre dejan claro qué debes hacer de otra manera. Pide que te señalen un ejemplo concreto en tu trabajo y que te expliquen con qué criterio se evalúa el resultado. Elige una de estas preguntas según lo que necesites aclarar:
- Ubicación del problema: «¿Puede mostrarme en qué parte se pierde la idea principal?»
- Resultado esperado: «¿Qué debería saber o hacer el público después de la conclusión?»
- Orden de las mejoras: «¿Cuál de los comentarios debería abordar primero en el siguiente intento?»
Después, comprueba con tus propias palabras que has entendido la indicación: «Entiendo que al final debo nombrar claramente la propuesta y la decisión que necesito que tome el público». El docente puede confirmar tu interpretación o precisarla.
Si tienes criterios de evaluación, compara el comentario con ellos. En una presentación práctica puede evaluarse la claridad de la conclusión; en otra tarea, el uso de fuentes o la precisión del procedimiento. La mejora debe corresponder a lo que estás aprendiendo en ese momento.
Convierte el comentario en un ajuste comprobable
Una lista de comentarios todavía no es un plan de práctica. Elige un cambio importante que puedas realizar y revisar después. Si no sabes cuál de varios errores abordar, vuelve a preguntar por el orden de prioridad. Adapta también el alcance de la corrección a la tarea y al plazo disponible.
Continuación de la situación del ejemplo: En una presentación práctica propones crear un club de lectura. La conclusión original es: «Podría ser interesante, así que eso es todo». Después de aclarar la retroalimentación, la reformulas así: «Propongo reunirnos una vez al mes para comentar un libro. Hoy necesitamos decidir si nos interesa y qué día nos viene bien».
Ahora tienes un aspecto concreto que comprobar. Pide a la persona que escuche tu conclusión que repita con sus propias palabras qué propuesta ha entendido y qué decisión debe tomarse. Si no puede identificarlo a partir de tus frases, puedes seguir ajustándolas. En este intento, céntrate en la claridad de la conclusión.
De forma parecida, en una tarea escrita puedes añadir una explicación entre una afirmación y un ejemplo, o repetir en un ejercicio práctico el paso en el que apareció el error. Así conviertes el objetivo de «esforzarme más» en una acción que puedes realizar.
Basa el desacuerdo en la tarea y en razones concretas
No tienes que aceptar cualquier comentario sin más. Puede haber un malentendido, la persona que evalúa puede haber pasado por alto una parte del trabajo o estar valorando algo que no quedó claro en la consigna. En ese caso, ayuda señalar el lugar concreto y explicar el procedimiento que seguiste.
Puedes decir: «Entendí así el objetivo de la tarea y por eso elegí esta conclusión. ¿Qué requisito considera que no cumple?». De este modo, la conversación puede centrarse en la diferencia de interpretación. Si descubres que pasaste por alto un requisito, sabrás qué corregir. Si la indicación era confusa, podéis acordar cómo precisarla.
En las tareas creativas, comprueba también si se trata de un criterio obligatorio o de una preferencia personal de quien evalúa. Recomendar otro ejemplo puede ser útil, pero no siempre significa que el ejemplo original sea incorrecto. Pregunta qué problema pretende resolver el cambio propuesto.
Observa también la forma de comunicar la retroalimentación
Un comentario objetivo puede expresarse de manera poco sensible. Puedes trabajar en el error señalado y, al mismo tiempo, pedir otra forma de comunicación: «Completaré la conclusión. Le agradecería que, al evaluarla, nos centremos en partes concretas del trabajo». Si una situación delicada se analiza públicamente, puedes preguntar si es posible mantener una breve conversación individual.
Si la evaluación se convierte repetidamente en burlas o insultos personales, presta atención también a las condiciones en las que estás aprendiendo. Dirígete a la persona organizadora del curso o a alguien responsable y describe las frases y situaciones concretas. Según las posibilidades disponibles, puedes solicitar otro evaluador o cambiar la forma de recibir retroalimentación.
Trabajar con tus propias emociones no resolverá por ti la conducta de la otra persona. Este procedimiento pretende ayudarte a procesar la evaluación. No es una razón para aceptar la humillación como una parte inevitable del aprendizaje.
Observa cómo aplicas el comentario en la siguiente tarea
Cuando vuelvas a realizar un ejercicio parecido, intenta aplicar el ajuste elegido también en una tarea nueva. En la siguiente presentación, por ejemplo, prepara la conclusión de modo que quede claro qué necesitas del público. Después, revisa precisamente ese aspecto. Que una mejora funcione una vez no significa que vayas a aplicarla automáticamente en todas las situaciones.
Al comparar tus intentos, observa el trabajo concreto: ¿la idea principal se entiende mejor?, ¿puedes explicar el procedimiento?, ¿comprendes el motivo de la corrección? Aunque la evaluación siga resultándote desagradable, quizá ya sepas qué puedes aprovechar de ella. La sensación de seguridad y el dominio de una tarea concreta no tienen por qué aparecer al mismo tiempo.
Antes del próximo ejercicio, acuerda con el docente un aspecto específico sobre el que quieres recibir retroalimentación: «Estoy trabajando en una conclusión clara. ¿Podría decirme si entiende mi propuesta a partir de ella?». Así preparas una pregunta concreta a la que podrás volver después de la evaluación.