No basta con conocer las palabras adecuadas; lo importante es saber utilizarlas en el momento oportuno, prestando atención tanto a uno mismo como a la persona que tenemos delante.
Puedes llevar preparada una respuesta y, aun así, la conversación puede no avanzar en la dirección que esperabas. Todo depende del tono, del momento, de la capacidad para percibir la tensión no expresada y de la disposición a cambiar de estrategia. Ahí es donde la mentalidad de crecimiento se encuentra con las habilidades sociales: los nuevos conocimientos solo cobran sentido cuando se ponen a prueba en situaciones reales. Este blog ofrece un espacio para reflexionar sobre esta diferencia y buscar respuestas propias.
¿Te interesa este tema? Lee más: Cómo desarrollar una mentalidad de crecimiento a través de habilidades sociales: La clave para el éxito personal y profesional
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