Los perfiles racionales y emocionales aportan reacciones diferentes a los equipos y las relaciones, lo que influye en la toma de decisiones, la comunicación y el crecimiento profesional conjunto.
En un grupo conviven personas que necesitan conocer primero los datos y otras que perciben la atmósfera, la confianza y el significado personal de cada situación. Estas diferencias pueden dar lugar a malentendidos, pero también ampliar la perspectiva sobre una tarea compartida. Cuando reconoces tu propio estilo y empiezas a respetar las reacciones de los demás, resulta más fácil alcanzar acuerdos claros. La atención, las preguntas y la retroalimentación favorecen la colaboración sin una competencia innecesaria.
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