Parece que las decisiones profesionales surgen tras una gran planificación, pero a menudo también están influenciadas por pequeñas preguntas y hábitos matutinos.
Puede sorprenderte descubrir que un momento sin noticias, pantallas ni expectativas ajenas puede aportar más claridad que largas reflexiones bajo presión. También resulta interesante que un breve ejercicio de imaginación sobre posibles jornadas laborales revele la diferencia entre lo que parece sensato y lo que realmente te interesa. Por la mañana, intenta imaginar un día normal en la vida de un empleado y de un emprendedor, describe lo que sientes y compáralo con tus necesidades prácticas. Precisamente este contraste puede abrir la puerta a una nueva pregunta.
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