Comprender mejor tus propias fortalezas y dudas contribuye a reforzar tu autoestima. Aprende a observarlas sin juzgarte innecesariamente.
La forma en que te hablas después de un éxito o un fracaso revela mucho sobre tus expectativas. Fíjate en cuándo te atribuyes el mérito, qué te exiges y qué preocupaciones se repiten. Tomar notas breves, poner nombre a tus valores y revisar posteriormente las situaciones difíciles pueden ayudarte a distinguir entre una autorreflexión útil y esa voz que solo te menosprecia.
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