La resiliencia mental no tiene por qué significar mantener la fortaleza en todo momento. Explora la paradoja de aceptar las emociones incómodas y su importancia para afrontar los cambios.
Cuanto más intentamos eliminar de inmediato el miedo o las dudas, más atención pueden reclamar. Eso no significa rendirse ni quedarse de brazos cruzados, sino permitir que la emoción exista, reconocer el mensaje que transmite y después actuar de acuerdo con nuestros valores. Esta distancia puede liberar energía para emprender acciones prácticas, aprender y mantener conversaciones que, en medio de una lucha interna constante, quedarían relegadas.
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