El amor por los hijos y la libertad absoluta no son lo mismo. Descubre por qué los niños necesitan límites y cómo establecerlos con sensibilidad, sin perder la confianza.
Puede parecer que un educador afectuoso debería ceder ante los niños tanto como fuera posible. Sin embargo, unas expectativas claras les ayudan precisamente a comprender dónde termina la libertad de decidir por sí mismos y dónde comienza la consideración hacia los demás. Este texto ofrece ideas para distinguir entre apoyo y permisividad, y muestra cómo transmitir una norma firme con calma, cercanía y sin recurrir a las amenazas.
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