Un procedimiento práctico puede ayudarte a reconocer un dilema ético, valorar las distintas opciones y establecer límites entre el trabajo y la vida personal.
Cuando las opciones no están claras, puede ser útil dividir la decisión en pasos manejables. Primero, define el problema con precisión; después, comprueba qué información tienes y determina a quién afectará el resultado. A continuación, compara las posibles soluciones con tus propios valores y con plazos realistas. Este método no sustituye tu criterio, pero puede ayudarte a evitar decisiones precipitadas y facilitar la conversación con las personas implicadas.
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