Cuando las obligaciones invaden tanto el tiempo compartido como el personal, es fácil perder la cercanía y dejar de lado los objetivos propios. Descubre cómo cambiarlo.
El día puede llenarse de tareas tan rápido que, al llegar la noche, solo quedan el cansancio y la sensación de no haber encontrado un momento para la familia ni para uno mismo. No hace falta cambiar de golpe toda la rutina. Basta con fijarse en qué se nos va el tiempo una y otra vez y acordar en casa qué momentos queremos reservar. Pequeños cambios realistas pueden abrir más espacio para conversar, descansar y hacer planes personales.
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