Los rituales de verano pueden convertir los días corrientes en hitos de la infancia y recordar a los niños la cercanía de su familia y el ritmo de la naturaleza.
Al igual que la luz cambia y los frutos maduran durante el verano, cada familia puede crear su propio ritmo. Una excursión anual al mismo lugar, escuchar por la noche los sonidos del jardín o contemplar juntos cómo cambia el cielo dan un significado especial a los días. Estas pequeñas tradiciones pueden convertirse en recuerdos a los que los niños vuelven con el tiempo y que les ayudan a rememorar los momentos compartidos con sus padres.
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