Los juegos durante las vacaciones, sin libros de texto, ayudan a los niños a descubrir qué les gusta, en qué se sienten más seguros y cómo afrontan las tareas nuevas.
Cuando un niño elige por sí mismo si quiere dibujar un mapa, construir con bloques o inventar las reglas de un juego, revela qué le interesa y cómo piensa. Los padres no tienen que juzgar el resultado de inmediato; pueden preguntarle qué le ha resultado fácil, qué le ha sorprendido y qué probaría de otra manera la próxima vez. Estas conversaciones fomentan que preste atención a sus propios intereses y capacidades. Un juego corriente se convierte así en una oportunidad para conocerse mejor y descubrir sus ideas y reacciones.
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