Incluso las actividades más sencillas de las vacaciones pueden ayudar a los niños a desarrollar la creatividad, la paciencia y la capacidad de colaborar, sin deberes ni cuadernos de ejercicios.
Las habilidades que sirven tanto para aprender como para la vida cotidiana se pueden practicar de forma muy natural. Al planear un pícnic, el niño piensa qué necesitará; al inventar un juego, pone a prueba sus ideas; y al construir algo en equipo, aprende a repartirse las tareas. No hace falta preparar un programa complicado ni comprar materiales especiales. Basta con dejar espacio para las preguntas, la experimentación y la alegría de conseguir algo por uno mismo.
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