Los retos compartidos durante una excursión de verano pueden despertar la creatividad, fomentar el valor de aprender y dar un nuevo impulso al trabajo en equipo.
El crecimiento no tiene por qué empezar en una sala de reuniones. Al planificar una ruta, participar en un juego creativo o enfrentarse a una tarea inesperada, cada persona tiene la oportunidad de probar algo nuevo y contribuir a su manera. Si después de la actividad queda tiempo para compartir brevemente la experiencia, esta puede convertirse en una reflexión útil: qué nos ha ayudado, qué probaríamos de otra manera la próxima vez y cómo podemos dejar más espacio para que todos aprendamos.
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