El aburrimiento durante las vacaciones de verano puede generar inquietud y tensión, pero también abre la puerta a la creatividad, la autonomía y el aprendizaje del autocontrol.
Cuando un niño dice una y otra vez que se aburre, los padres pueden sentir la presión de tener que organizarle algo enseguida. Sin embargo, no hay que llenar cada momento de calma con actividades. En este artículo veremos cómo estar cerca sin tomar la iniciativa, ofrecer opciones adecuadas y ayudar al niño a gestionar la frustración pasajera. Poco a poco, podrá probar sus propias ideas y asumir la responsabilidad de su tiempo.
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