El aburrimiento no tiene por qué ser un vacío en un día de verano; puede dar a los niños tiempo para inventar juegos, probar ideas y desarrollar la perseverancia.
Sin un programa preparado, una manta cualquiera puede convertirse en un juego, observar el patio puede inspirar un dibujo o surgir un plan para construir un refugio propio. No hace falta que sean grandes proyectos ni que el resultado sea perfecto. Lo importante es que el niño tenga espacio para probar, cambiar de estrategia y seguir adelante aunque la primera idea no funcione. Los padres pueden ofrecerle materiales o proponerle una tarea sencilla, pero dejando que sea el niño quien decida cómo continuar.
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