Las notificaciones constantes pueden restar tiempo al descanso y a los momentos compartidos. Una desconexión digital durante las vacaciones deja espacio para conversar, recordar y aprender.
Cuando cada rato libre acaba frente a una pantalla, el descanso puede fragmentarse fácilmente y las personas cercanas pueden sentir que quedan en segundo plano. No hace falta renunciar a la tecnología para siempre: podéis acordar un rato sin móviles, salir a pasear o hablar por la noche de lo que os ha llamado la atención. Estos momentos devuelven el protagonismo a las personas y favorecen la concentración, ayudan a recordar las experiencias y dan pie a nuevas ideas.
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