Al dejar el teléfono a un lado, el día puede parecer más lento, pero queda más espacio para vivir experiencias que recordaremos y mantener conversaciones que nos acerquen.
Puede parecer extraño, pero hacer menos fotos y enviar menos mensajes puede significar disfrutar más plenamente de cada momento. En lugar de registrar o compartir cada experiencia al instante, intenta fijarte en los detalles y anotarlos más tarde. Si no cambias constantemente de estímulo, te resultará más fácil concentrarte en una conversación, un libro o un lugar nuevo. Así, las vacaciones también pueden convertirse en una oportunidad para aprender y reflexionar.
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