Antes de una entrevista, puedes identificar qué te pone nervioso y cuáles son tus puntos fuertes. Los ejercicios prácticos te ayudarán a preparar tus respuestas y a gestionar la presión.
Cada persona reacciona de manera distinta ante las preguntas difíciles: alguien habla demasiado rápido y otra persona no logra recordar ningún éxito propio. Fijarte en esos momentos es un buen punto de partida, no un motivo para reprochártelo. Si anotas qué se te da bien y lo acompañas de ejemplos concretos de tus estudios, de algún trabajo o de experiencias en equipo, tendrás un punto de apoyo al que volver durante la entrevista.
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