Cuanto más intentas reprimir los nervios, más pueden acaparar tu atención. Descubre cómo prepararte y expresarte con claridad incluso con cierta tensión.
Prepararte no tiene por qué eliminar cualquier temblor ni garantizar que nada te pille por sorpresa. Su propósito puede ser algo más práctico: que, incluso con tensión, sepas qué quieres decir. Practica tus respuestas en voz alta, pero no las memorices, y deja espacio para hacer una breve pausa antes de responder. Cuando aceptas que los nervios y la preparación pueden coexistir, la presión no tiene por qué marcar todo el desarrollo de la conversación.
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