Un límite no tiene por qué ser un muro entre personas cercanas. Descubre cómo decir que no puede ayudar a proteger el respeto mutuo y abrir espacio para seguir conversando.
Imaginemos el rechazo como un umbral en el que se encuentran dos necesidades. Una persona protege su tiempo o sus posibilidades, mientras que la otra busca aceptación y conexión. Si vemos ese momento únicamente como una puerta cerrada, es fácil pasar por alto que todavía podemos hablar de lo que sentimos y necesitamos. Hacernos responsables de nuestra propia reacción nos permite dar el siguiente paso sin presionar: respetar el límite, explicar nuestro punto de vista y buscar una salida que preserve la dignidad de ambas partes.
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