La retroalimentación no solo revela nuestros puntos fuertes, sino también aquello que quizá no vemos por nosotros mismos. Aprende a recibirla con más perspectiva.
Lo que nosotros percibimos como un esfuerzo puede parecer distinto a los demás; en esa diferencia está la oportunidad de conocernos mejor. Después de recibir comentarios, anota qué te ha sorprendido, con qué estás de acuerdo y qué quieres comprobar. Esta pausa te ayuda a distinguir tus propias suposiciones de las observaciones concretas y a elegir en qué aspecto quieres trabajar. El objetivo no es cambiar según la opinión de cada persona, sino tomar decisiones más conscientes.
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