¿Por qué a veces nos duele incluso un comentario bienintencionado, aunque pueda ayudarnos? Descubre cómo distinguir entre la incomodidad que nos provoca y el valor de la retroalimentación.
Curiosamente, aquello que no queremos oír puede contener información que nuestro propio punto de vista no nos ofrece. Eso no significa que todas las críticas sean acertadas ni que estén expresadas con tacto. Puede ser útil analizar qué es exactamente lo que nos ha molestado: ¿no estamos de acuerdo con el contenido, nos incomoda la forma de expresarlo o tememos fracasar? Este artículo propone preguntas y ejercicios que ayudan a desenredar estas distintas reacciones y a decidir si queremos responder al comentario y cómo hacerlo.
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