Lo que despierta el interés del docente puede aportar nuevos temas e ideas al aula. Descubre cómo las pasiones personales favorecen las relaciones y el aprendizaje.
La enseñanza tiene lugar entre personas que llevan al aula sus experiencias, preguntas e intereses. Cuando el docente comparte de forma natural aquello que le apasiona, puede dar pie a que los alumnos expresen sus propias ideas y conversen. No se trata de que cada clase gire en torno a sus aficiones, sino de utilizarlas como puente hacia los contenidos y el trabajo en común. Esta conexión también nos recuerda que el crecimiento profesional puede darse en contacto tanto con el aula como con los compañeros.
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