Fíjate en qué actividades hacen que tu hijo pierda la noción del tiempo y qué preguntas despiertan su curiosidad. Estas pequeñas señales pueden ayudarte a crear un espacio donde pueda dar rienda suelta a su creatividad.
Cada niño se expresa de una manera distinta: unos inventan historias, otros desmontan objetos o se quedan mirando cómo se mezclan los colores. Pregúntale qué le gusta de lo que está haciendo y no te apresures a juzgar el resultado. Cuando los adultos conocen los intereses del niño, les resulta más fácil ofrecerle materiales y oportunidades que alimenten su curiosidad de forma natural.
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