No hace falta llenar cada rato libre con una actividad preparada. Descubre cómo un tiempo tranquilo, sin un plan establecido, puede dar alas a las ideas de los niños.
Cuando nadie le dice enseguida qué tiene que hacer, puede que al principio el niño no sepa muy bien cómo entretenerse. Pero a menudo acaba buscando su propia diversión: inventa las reglas de un juego, crea un personaje o utiliza un objeto de una forma inesperada. El aburrimiento, por sí solo, no garantiza que surjan ideas creativas, pero disponer de un rato sin instrucciones puede dar al niño la oportunidad de elegir lo que le interesa. Un adulto puede estar cerca y ofrecerle alguna sugerencia, pero no un plan ya hecho.
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