Los juegos prácticos, las conversaciones y las pequeñas tareas cotidianas pueden ayudar a reforzar la confianza de los niños en sí mismos y su capacidad para adaptarse a situaciones nuevas.
Empiece por proponerle al niño una tarea adecuada y mostrarle que el resultado no tiene por qué importar más que el simple hecho de intentarlo. Juntos pueden poner en palabras qué le ha ayudado o jugar a algo que le permita probar nuevas soluciones. También son útiles las preguntas que animan al niño a aportar sus propias ideas, en lugar de que el adulto se lo resuelva todo de inmediato. Así puede aprender a afrontar los retos con más seguridad.
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