Incluso un fracaso puede ayudar a desarrollar la confianza en uno mismo, si el niño tiene la oportunidad de volver a intentarlo y recibe apoyo ante los retos cotidianos.
A veces, los adultos quieren evitar que los niños se lleven una decepción y resuelven por ellos las tareas difíciles. Sin embargo, intentar algo en un entorno seguro, aunque no salga bien, puede enseñarles que es posible reparar la situación o afrontarla de otra manera. Ayúdale a poner en palabras lo que ha ocurrido y a pensar cuál puede ser el siguiente paso, sin reproches. Así, el error no tiene por qué parecer una prueba de incapacidad, sino parte del aprendizaje.
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