Cada día refleja hacia dónde se dirige tu atención. Aprende a organizar tu tiempo para que las tareas cotidianas te ayuden a alcanzar tus objetivos y cuidar tus relaciones.
Imagina el calendario como un mapa en el que se encuentran las obligaciones, los planes y esos momentos que te llenan de energía. Si solo aparecen fechas límite, es fácil perder de vista por qué te esfuerzas. Planificar con regularidad te permite señalar los próximos pasos, dejar margen para los cambios e incluir también a las personas importantes y el descanso. Así, tus decisiones sobre cómo emplear el tiempo pueden estar más en sintonía con lo que consideras importante.
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