El verano es un tiempo en el que los niños pueden jugar libremente, pero el aburrimiento puede sacarlos de quicio.
El aburrimiento que saca de quicio puede ser en realidad el mejor maestro. Los niños, cuando se encuentran sin actividades, aprenden a resolver sus necesidades de manera independiente. Podrían empezar a pintar, escribir, construir o experimentar con nuevos juegos. Trabajar en sus propios proyectos les ayuda a descubrir sus talentos y habilidades ocultos, lo que puede llevar a una pasión por el aprendizaje y la creación que dure toda la vida.
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