En una nueva escuela, lo más difícil no siempre son las asignaturas. A menudo consume más energía averiguar cómo funcionan las cosas: dónde se entregan las tareas, qué considera el profesor una buena respuesta, a quién preguntar cuando algo no está claro, cómo participar en un grupo y qué hacer si cambian los planes. Si intentas resolverlo todo por tu cuenta, puedes pasar demasiado tiempo sin avanzar. Pero si dependes de un solo compañero, basta con que no esté para volver a quedarte sin saber a quién acudir.
Una opción más práctica es crear una pequeña red de personas para distintos tipos de situaciones. No hace falta tener un gran círculo de amistades. Basta con saber quién puede ayudarte a orientarte, estudiar, trabajar en equipo o decidir qué hacer cuando algo no sale según lo previsto.
Una red de apoyo no significa tener muchos amigos
La palabra «networking» puede hacer pensar en contactos profesionales o en conocer a mucha gente. En la escuela, sin embargo, puede tener un sentido mucho más sencillo: contar con algunas personas de confianza para distintas necesidades y saber colaborar también con quienes no forman parte de tu círculo más cercano.
Un compañero puede conocer bien los aspectos organizativos, otro puede ayudarte con matemáticas, el tutor puede explicarte las normas del centro y un estudiante de cursos superiores puede contarte qué conviene saber sobre una asignatura concreta. Cada contacto cumple una función diferente.
Identifica a las personas según el tipo de ayuda que ofrecen
Si llevas poco tiempo en la nueva escuela, quizá aún no sepas con quién tienes más afinidad. Aun así, durante las primeras semanas puedes fijarte en quién dispone de qué información y cómo se comunica.
| Situación | A quién acudir | Qué preguntar |
|---|---|---|
| Una tarea o un tema que no entiendes | Un profesor, un compañero, un tutor académico o un estudiante de cursos superiores | Qué parte no entiendo exactamente y qué primer paso puedo intentar |
| Organización escolar | El tutor, la secretaría o un compañero | Dónde puedo consultar las normas, la fecha o el procedimiento adecuado |
| Proyecto en equipo | Los miembros del grupo | Quién se encarga de cada parte y para cuándo debe estar lista |
| Elección de una asignatura o actividad | Un profesor, un estudiante de cursos superiores o el orientador escolar | Qué se espera del estudiante y a quién puede convenirle más esa opción |
| Dificultades prolongadas de adaptación | El tutor, el orientador escolar, un familiar u otro adulto de confianza | Qué está ocurriendo, desde cuándo y qué apoyo necesito |
Organizar los contactos de esta manera ahorra tiempo. En lugar de enviar todas las preguntas a la misma persona, puedes elegir a quién consultar según el problema.
Empieza con tres contactos, no con toda la clase
Incorporarse a un grupo nuevo puede resultar incómodo, sobre todo si los compañeros ya se conocen. No tienes que intentar participar en todo desde el primer día. Para empezar, busca tres contactos sencillos:
- Un compañero para cuestiones prácticas: fechas, libros, aulas y organización de la jornada.
- Una persona con quien estudiar o preparar trabajos: puede ser alguien de tu clase, de una actividad o de un grupo de estudio.
- Un adulto de referencia en la escuela: un profesor, el tutor, el orientador u otra persona a quien acudir si surge un problema importante.
Es una red pequeña, pero funcional. Más adelante puede ampliarse de forma natural, según con quién trabajes y dónde te sientas a gusto.
Haz preguntas concretas para que sepan cómo ayudarte
Decir «no sé qué hacer» deja en manos de la otra persona buena parte del problema. Es más útil explicar qué has entendido y en qué punto te has perdido.
Por ejemplo, en vez de preguntar «¿me explicas todo el ejercicio?», puedes decir: «Entiendo los dos primeros pasos, pero no sé qué hay que comparar en la tercera parte. ¿Tú cómo lo has entendido?». Es una pregunta más fácil de responder y, además, deja claro que ya has intentado resolverlo.
Al pedir ayuda, puede servirte seguir estos tres pasos:
- Explica qué estás intentando resolver.
- Cuenta qué has probado o qué parte entiendes.
- Haz una pregunta concreta.
No reduzcas la decisión a pedir ayuda o ser independiente
En una nueva escuela quizá sientas que tienes que demostrar que puedes con todo sin ayuda. El extremo contrario es preguntar ante cualquier dificultad menor sin haberlo intentado por tu cuenta. Lo más útil es valorar cada situación.
Antes de pedir ayuda, hazte estas tres preguntas:
- ¿Puedo encontrar la respuesta en los materiales disponibles? Si es así, empieza por consultarlos.
- ¿Llevo demasiado tiempo sin avanzar? En ese caso, pedir ayuda puede ser más eficaz que seguir dando vueltas al problema.
- ¿Equivocarme puede tener consecuencias importantes? Si se trata de una fecha, una norma o una tarea importante, es mejor aclarar la duda cuanto antes.
Ser independiente no significa no preguntar nunca. Significa saber qué puedes resolver por tu cuenta y cuándo conviene recurrir a otra persona.
Acordad cómo trabajar antes de empezar un proyecto en grupo
Una nueva escuela también puede traer nuevas formas de trabajar en equipo. Una persona quiere dirigir, otra prefiere mantenerse al margen y alguien empieza a trabajar cuando la fecha de entrega está cerca. Si el grupo no se pone de acuerdo desde el principio, pueden surgir conflictos aunque nadie tenga malas intenciones.
Antes de comenzar el proyecto, aclarad estos puntos:
- El resultado: qué hay que entregar.
- El reparto de tareas: quién se ocupa de cada parte.
- Las fechas: cuándo debe estar lista cada parte.
- La comunicación: dónde os escribiréis y cómo avisaréis si surge un problema.
- La revisión final: quién reunirá las partes en un solo trabajo.
Si sueles tomar la iniciativa, no tienes por qué encargarte automáticamente de toda la organización. Puedes proponer una estructura y dejar espacio para que los demás participen. Si prefieres no liderar, puedes empezar asumiendo una responsabilidad más acotada, como revisar las fechas o coordinar una parte del trabajo.
Construye relaciones con pequeños intercambios de ayuda
Una red de apoyo funciona mejor cuando no se trata solo de lo que recibes de los demás. No hace falta devolver exactamente el mismo favor, pero puedes ser una persona fiable en aquello que se te da bien.
Puedes compartir apuntes después de una ausencia, recordar una fecha, explicar una tarea, ayudar con la parte técnica de un proyecto o avisar de que ha cambiado el aula. La confianza se construye con pequeños gestos repetidos que permiten a las personas contar unas con otras.
Esto resulta más práctico que intentar crear rápidamente muchos contactos superficiales. En un entorno nuevo, importa más la calidad de la colaboración que el número de personas que conoces.
No dependas de una sola persona
Cuando encuentras a tu primer amigo en una nueva escuela, es natural que quieras consultarle todo. Puede ser cómodo, pero también te deja en una situación vulnerable: si esa persona falta, cambia de grupo o no conoce la respuesta, te quedas sin una fuente de ayuda.
Por eso conviene diversificar los contactos. Una persona puede ser de confianza para cuestiones organizativas, otra para una asignatura concreta y un profesor o el orientador para un problema más importante.
Si no te sientes parte del grupo, empieza por una actividad
No todo el mundo se siente cómodo conociendo gente mediante una conversación informal. Si las charlas triviales no te salen con naturalidad, puedes empezar con una actividad compartida. Un proyecto, preparar un examen, un club escolar o una tarea práctica ofrecen un motivo claro para comunicarse.
En vez de preguntarte «¿cómo hago amigos?», prueba con algo más sencillo: «¿Quieres comparar los resultados de este ejercicio?», «¿Entendiste la tarea de la misma manera?» o «¿Nos repartimos estas dos partes?». Así, el contacto surge a partir de una colaboración concreta y sin tanta presión.
No todos estos contactos se convertirán en amistades, y no es necesario que lo hagan. Una colaboración cordial también puede facilitar mucho la adaptación a un entorno nuevo.
Los estudiantes de cursos superiores pueden explicar lo que no dicen las normas
Hay preguntas que no se resuelven leyendo el reglamento escolar. ¿Qué dificultad tiene una asignatura? ¿Con cuánta antelación conviene empezar un proyecto? ¿Qué valora más un profesor en una presentación? ¿Qué errores cometen a menudo quienes acaban de llegar?
Un alumno de cursos superiores puede ayudarte con este tipo de dudas. Sin embargo, toma su experiencia como la perspectiva de una persona, no como una norma oficial. Si se trata de calificaciones, fechas o responsabilidades, confirma también la información con el profesor o en las indicaciones oficiales.
Ante un problema importante, no busques ayuda solo entre compañeros
Los compañeros pueden ayudarte a orientarte, estudiar y sentir que no estás solo en la escuela. Pero no todos los problemas corresponden al grupo de iguales. Si llevas tiempo sintiéndote perdido, tienes conflictos repetidos, no entiendes lo que se espera de ti o la situación escolar te afecta mucho, conviene hablar también con un adulto de confianza.
Puede ser el tutor, el orientador escolar, otro docente o un familiar. Para explicar la situación, resulta útil concretar qué ocurre, desde cuándo, qué has intentado y qué tipo de ayuda te vendría mejor en este momento.
Un mapa sencillo de contactos para el primer mes
Al terminar las primeras semanas, puedes hacer una breve revisión. No necesitas valorar tu popularidad ni contar cuántos amigos tienes. Basta con comprobar si sabes a quién dirigir tus preguntas cuando surge un problema cotidiano.
Intenta anotar cinco nombres o funciones:
- ¿A quién puedo preguntar una cuestión organizativa?
- ¿Con quién puedo repasar o comentar una asignatura?
- ¿Con quién puedo colaborar de manera fiable en un proyecto?
- ¿Quién puede contarme la experiencia de un estudiante de cursos superiores?
- ¿A qué adulto acudiré si el problema requiere más que el consejo habitual de un compañero?
Si no tienes a nadie para alguna de estas situaciones, ya has identificado un siguiente paso concreto. No necesitas «mejorar tus contactos» en general. Quizá lo que necesitas es encontrar a alguien con quien preparar matemáticas o averiguar quién se ocupa en la escuela de los problemas más importantes.
Adaptarse bien a una nueva escuela no significa tener que resolverlo todo en solitario. Es más útil saber orientarte, intentar encontrar una solución y contar con varias personas a quienes acudir en el momento adecuado.