Reflexionar para decidir el siguiente paso
Evalúa el proceso y las condiciones en que lo has puesto en práctica
Zuzana intenta explicar el objetivo al principio de sus intervenciones. Lo consigue en dos conversaciones, pero en la tercera se olvida porque tiene poco tiempo. Decirse «Otra vez lo hago mal» resume la experiencia de forma demasiado general. Es más preciso distinguir cuándo ha usado el nuevo enfoque, qué ha ocurrido después y en qué se diferenciaban las situaciones. Así obtendrá información para hacer otro ajuste.
En un metaanálisis de 2016, Harkin y sus colegas observaron que, de media, las intervenciones que fomentaban el seguimiento del progreso mejoraban la consecución de objetivos. Se estudiaron distintos objetivos y condiciones mediante experimentos. El resultado no significa que cualquier forma de control sea útil ni que vigilar con más frecuencia sea siempre mejor, independientemente del esfuerzo que requiera.
Termina la reflexión con una decisión concreta. Zuzana puede mantener el inicio que funciona y preparar una versión más breve para cuando tenga poco tiempo. En el siguiente intento valorará si la otra persona ha entendido mejor el objetivo. Un buen resultado aislado no demuestra que el enfoque funcione siempre: las conversaciones también pueden diferir por el tema o la experiencia de las personas.
El seguimiento debe ser proporcional al objetivo. Observa unas cuantas situaciones relevantes y revísalas en el momento que hayas elegido. No necesitas evaluar todas las conversaciones a lo largo del día. Si repites el mismo reproche sin obtener nueva información ni tomar una decisión, intenta concretar qué mantendrás, cambiarás o comprobarás en la próxima ocasión.