Responsabilidad sin cargar con toda la culpa
Tu acción y el resultado final son cosas distintas
Lucia preparó una propuesta a tiempo, pero el cliente aún no se ha decidido. Ella se dice: «Si fuera más competente, ya habría aceptado». Sin embargo, el resultado también depende de las necesidades y posibilidades del cliente y de otras circunstancias. Lucia puede revisar si su propuesta es clara, pero la espera no demuestra por sí sola que sea incompetente.
Divide la situación entre lo que puedes hacer directamente, lo que puedes influir mediante un acuerdo y lo que queda fuera de tu control. Lucia puede añadir la información que falte y enviar un recordatorio claro. También puede proponer una fecha para volver a contactar. Sin embargo, no puede garantizar que el cliente tome una decisión solo esforzándose más o convenciéndose de ello.
La responsabilidad también implica corregir tus propios errores. Si descubre que el alcance de la propuesta no estaba claro, debe corregirlo. Explicar las circunstancias externas no debe servir para ocultar un paso que no se dio. Del mismo modo, tampoco hay que atribuirse toda circunstancia desfavorable. Ser preciso exige tener en cuenta ambas partes.
Si el problema se repite, analiza también las condiciones de trabajo. Si alguien espera que hagas más tareas de las que caben en el tiempo disponible, quizá no baste con tener más disciplina personal. Puedes acordar prioridades, revisar el alcance o pedir apoyo. El desarrollo personal no debería consistir en adaptarse sin límites a cualquier exigencia. Una pregunta útil es: «¿Qué paso razonable me corresponde dar ahora y dónde necesito colaboración o un cambio de condiciones?»