De la buena intención a un paso concreto
Define cuándo empezarás
La frase «desperdiciaré menos» marca una dirección, pero no dice cuándo ni qué tienes que hacer. Intenta convertirla en un plan vinculado a una situación habitual: cuando empiece a preparar la lista de la compra, primero revisaré la nevera. El desencadenante es un hecho concreto y la acción, algo que se puede observar. Así, más adelante podrás distinguir si el problema estuvo en acordarte, en realizar la acción o en la elección del plan.
Lally y sus colegas, en un estudio de 2010, observaron a voluntarios que repetían una actividad elegida relacionada con la comida, la bebida o el ejercicio en un mismo contexto. La automaticidad observada aumentó con la repetición, aunque el proceso varió de una persona a otra. El estudio se basó en autoinformes y no evaluó todos los tipos de hábitos. No demuestra que exista un plazo universal ni garantiza que los hábitos sostenibles funcionen; aporta una base para probar la asociación regular entre una situación y una acción.
Elige un desencadenante que ocurra realmente antes del paso que necesitas dar. Un recordatorio después de pagar la compra ya no te servirá para revisar lo que tienes antes de comprar. Si trabajas con horarios irregulares, puede ser más adecuado vincularlo a un hecho que a una hora concreta. Por ejemplo: después de terminar la última tarea del trabajo, comprobaré qué aparatos puedo apagar sin riesgo.
Empieza probando una relación sencilla y clara. Si vinculas un hecho con una larga lista de tareas, te costará más saber qué parte no funciona. Tras probar el plan varias veces, puedes ampliarlo, simplificarlo o cambiarlo a un momento más adecuado. Un buen plan debe ajustarse al ritmo real de tu día.