Qué significa responder con empatía

Mostrar interés no exige sentir lo mismo

Un amigo está preocupado por una presentación de trabajo. A ti te gusta hablar en público y no sientes esa preocupación. No tienes que fingirla para prestarle atención. Puedes preguntarle qué parte de la presentación le resulta difícil, escuchar su respuesta y ofrecerle un apoyo adecuado. Haber tenido experiencias distintas no te impide tomarte en serio cómo se siente.

En esta formación trabajaremos con tres preguntas prácticas: ¿Qué intento comprender? ¿Qué siento yo al respecto? ¿Qué respuesta puede ser útil para la otra persona? Estas preguntas ayudan a distinguir entre comprender, tener una reacción emocional propia y decidir si queremos ayudar. No son un test de personalidad ni exigen que sientas siempre la misma emoción que la otra persona.

Una reacción intensa no determina por sí sola cuál es la ayuda adecuada. Si la preocupación de tu amigo te altera tanto que empiezas a hablar solo de tus propias experiencias, su necesidad inicial queda en segundo plano. En cambio, una pregunta tranquila y un breve ensayo del comienzo de la presentación pueden ajustarse a lo que quiere. Pero primero hay que averiguar si quiere ensayar.

Responder con empatía tampoco exige estar de acuerdo con todas las decisiones. Puedes comprender su preocupación y, a la vez, no estar de acuerdo con la idea de que un compañero se encargue de la presentación sin haberlo acordado. Intenta entender su punto de vista y deja espacio para que te corrija. Valora si tu respuesta resulta útil según la situación concreta, no según lo sensible que te parezca a ti mismo.

A un amigo le da miedo hacer una presentación y tú no sientes una preocupación parecida. ¿Qué respuesta es la más empática?

Empatía en la práctica: comprender, ayudar y establecer límites

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