Empatía en familia sin imponer sentimientos

Puedes reconocer lo que siente y poner límites a su conducta

Un niño, enfadado, tira la construcción de su hermano. Lo primero es impedir que siga destrozándola y prestar atención también al niño cuya construcción ha tirado. Después podéis hablar de lo que ha ocurrido antes de la pelea. Decir «Estás celoso y por eso lo has hecho» atribuye un motivo que aún desconoces. Es más sencillo describir lo ocurrido y dejar espacio para que responda.

Si el niño dice que su hermano no le ha dejado jugar, puedes reconocer su decepción: «Querías jugar con él y te has enfadado cuando te ha dicho que no». Al mismo tiempo, puedes mantener el límite: «Pero no voy a dejar que destroces la construcción». Comprender un sentimiento no significa justificar una conducta. Tampoco hay que negar lo que siente porque se haya portado mal.

La reparación también debe respetar al niño afectado. Pregúntale si quiere ayuda para reconstruir o si ahora necesita estar tranquilo. Un abrazo automático quizá no sea lo que quiere. Pedir perdón no sustituye a reparar el daño ni obliga a perdonar inmediatamente. Acordad un paso siguiente adecuado a la situación y a lo que el niño sea capaz de entender y hacer.

Este es un modelo para una conversación familiar cotidiana, no una receta educativa infalible. Si el niño está muy alterado, podéis esperar a que esté en condiciones de escuchar, pero hay que poner fin de inmediato a la conducta de destrozar cosas. El mismo principio se aplica entre adultos: reconocer la experiencia, señalar la conducta inaceptable y buscar una forma concreta de reparar el daño sin presionar para que os reconciliéis.

Un niño ha destrozado la construcción de su hermano y explica que se sintió rechazado. Su hermano no quiere abrazarlo. ¿Qué respuesta es adecuada?

Empatía en la práctica: comprender, ayudar y establecer límites

Continuar la formación

Introduce tu correo electrónico para continuar con la formación.