Cuando el conflicto tiene lugar por mensajes
Primero, aclara qué significa el mensaje y qué se necesita
Un compañero escribe: «¿Esto es lo que consideras terminado?». El mensaje no deja claro si falta un archivo adjunto, contenido o aprobación. Una respuesta brusca puede iniciar una discusión sobre el tono antes de que averigüéis cuál es el problema. Prueba a concretarlo primero: «¿Qué parte crees que falta? Te he enviado un borrador para que lo revises, no la versión definitiva». Si no estaba claro para qué servía el archivo, explícalo.
Antes de responder, comprueba si tu mensaje incluye un hecho verificable, una pregunta o petición concreta y el plazo necesario. Evita la ironía, que obliga a la otra persona a interpretar lo que quieres decir. Si te has equivocado, reconócelo directamente. Un mensaje largo, cargado de reproches antiguos, puede desviar la atención de la decisión que hay que tomar ahora.
Elige el canal en función de la tarea y las circunstancias. Si os habéis entendido mal, puedes proponer una llamada breve sobre un tema concreto. Pero la otra persona quizá necesite comunicarse por escrito por accesibilidad, para poder pensar la respuesta o para dejar constancia del acuerdo. Una llamada no es siempre mejor y no debería utilizarse para evitar que quede constancia de una conducta problemática.
Después de aclararlo hablando, confirma brevemente el acuerdo de trabajo por escrito: qué se cambiará, quién se encargará y para cuándo. Comprueba que el resumen refleja lo acordado por ambas partes. En un chat de grupo, habla del tema con quienes deban tomar la decisión; no añadas a más gente solo para ejercer presión. Si hay amenazas o acoso grave, conserva los mensajes pertinentes y busca el apoyo o los procedimientos adecuados de la organización.