Límites, consentimiento y seguridad
La comunicación no verbal no sustituye al consentimiento expreso
Una sonrisa, asentir, acercarse o guardar silencio no tienen por qué significar que alguien esté de acuerdo. Si se trata de contacto físico, un asunto personal o un paso que pueda afectar a los límites de la otra persona, pregúntale directamente y respeta su respuesta. Si se aparta, se queda rígida o deja de responder, para y comprueba si quiere continuar. Estos comportamientos tampoco revelan por sí solos el motivo, pero sí bastan para que no insistas.
Una pregunta clara podría ser: «¿Te parece bien que me siente a tu lado?» o «¿Quieres seguir hablando de este tema?». Si la respuesta no es clara, no la des por afirmativa. Propón otra opción y deja espacio para que la persona decida.
La misma regla se aplica a tus propios límites. Puedes decir: «Necesito más espacio», «Ahora no quiero seguir hablando de este tema» o «Continuemos cuando tengamos más tiempo». No tienes que demostrar que tu motivo es suficientemente importante.
Si hay presión, intimidación o temes por tu seguridad, no te limites a interpretar gestos. Interrumpe el contacto, busca apoyo y sigue el procedimiento adecuado en el trabajo o en tu entorno personal.