Adapta el entorno
Facilita la actividad que quieres hacer y pon trabas a los desvíos innecesarios
El entorno puede influir en que te acuerdes del hábito y te resulte fácil hacerlo. Si quieres prepararte la comida por la mañana, deja el recipiente a la vista la noche anterior. Si quieres leer en vez de mirar las noticias, deja el libro donde sueles sentarte por la noche y aparta el móvil.
No hace falta cambiar toda la casa ni eliminar todas las distracciones. Elige un obstáculo que puedas modificar. Puede ser que te falte el material necesario, que no tengas claro cómo hacerlo, que el horario no sea práctico o que haya demasiados pasos antes de empezar.
Una pequeña preparación también puede ayudar: dejar lista ropa cómoda para salir a caminar, tener agua a mano en el escritorio o reservar una hora en el calendario. Estos recursos no sustituyen al plan; sirven para que sea más fácil llevarlo a la práctica.
Comprueba que el cambio en el entorno no invada la intimidad ni interfiera en las necesidades de otras personas. Si se trata de un espacio compartido, acordadlo y no traspases obligaciones a tu familia sin hablarlo.