Un experimento de 30 días sin garantías
Treinta días pueden servir para probar, no son una fecha límite para tener éxito
Si te interesa hacer un experimento de treinta días, puedes aprovechar ese tiempo para empezar a observar. No significa que el hábito tenga que volverse automático en un mes. Las investigaciones muestran grandes diferencias en el tiempo que tardan las personas en adquirir distintas conductas. Treinta días pueden bastar para averiguar si la señal resulta práctica, qué obstáculos encuentras y qué cambio quieres probar.
Antes de empezar, apunta una actividad, su señal, la versión mínima y un plan B. Por ejemplo: «Después de comer, caminaré una calle. Si llueve, caminaré cinco minutos dentro de casa». Anota si has podido probar el paso y qué ha influido en el resultado.
Al cabo de una semana, revisa los obstáculos. A las dos semanas, ajusta la hora, el alcance o el entorno si hace falta. A los treinta días, decide si quieres continuar, cambiar la actividad o dar por terminado el experimento. Evalúa el plan según si te sirve y si es viable, no según la perfección de la racha.
Si descubres que el hábito no te resulta útil, cambiarlo no es un fracaso. Has obtenido información y puedes elegir un paso que te convenga más.