Motivación, recompensa y apoyo
La recompensa debe apoyar el hábito, no convertirlo en un castigo
La motivación varía de forma natural. Por eso puede ayudar tener claro el motivo, contar con un recordatorio, elegir una versión agradable de la actividad o recibir el apoyo de alguien cercano. Si te motiva caminar en compañía, queda con alguien. Si prefieres ir a tu aire, no necesitas un grupo ni compartir tus resultados públicamente.
Fíjate en los pequeños logros: «Después de comer he dado un paseo de diez minutos». Puedes regalarte un breve descanso u otra recompensa que no interfiera con tu objetivo. No hace falta recompensar todas las actividades, y no hacerlo no significa que hayas fracasado.
Distingue entre animar y presionar. Tu pareja puede ayudarte a recordarlo si se lo pides; no debería controlarte ni avergonzarte en público. Los hábitos deben contribuir a tu vida, no crear un sistema de castigos para los días en que tienes otras prioridades.
Si la actividad te desagrada durante mucho tiempo, analiza si responde a lo que quieres o si la has elegido únicamente porque te la recomendó otra persona. Quizá baste con encontrar otra forma de alcanzar el mismo objetivo.